Todo lo que diré es solo mi perspectiva.
1) Probablemente solo usaste la pirámide como un ejemplo, pero según he leído, la
evidencia empírica permite poner en duda la validez de la forma en que se presenta la idea de una jerarquía precisa de necesidades y deseos. Dejando de lado la pirámide y intentando responder tu pregunta, creo que tanto las tendencias subyacentes, como una parte importante de las respuestas instintivas tienen base en una combinación de influencias biológicas y simbólicas (culturales). Si cambia una de las dos, es probable que las respuestas y expresiones de los seres cambien de alguna u otra forma.
Tendencias y instintos serían la inclinación natural y espontánea más probable que tiene la mente y el sistema nervioso para responder ante determinados estímulos. Estas respuestas se modifican o anulan en la medida que se adquiere nueva información o experiencia que pueda anularlas o sobrepasarlas. El ejemplo más claro es el de la tendencia a la ignorancia: la mente nace en un estado en el que no conoce los modos en que las partes de la realidad se relacionan entre sí, o cuáles son las cualidades y atributos de cada parte de la realidad. Dada la forma que tiene el lenguaje para formar separaciones entre sujetos, objetos, verbos y predicados, la tendencia más natural, al menos en los humanos nacidos en sociedad, será la de reificar y cosificar ciertos fenómenos, siendo un caso de aquello la idea de un "yo" que es independiente de las circunstancias y los cambios, y que además puede controlar sus propias condiciones que le dan surgimiento.
Entiendo a los instintos como la inclinación más natural de los seres dadas las condiciones físicas, biológicas y culturales promedio en las que somos "arrojados" a la existencia. Pero la experiencia, el desarrollo y el aprendizaje nos pueden hace cambiar dichas circunstancias, por lo que esos instintos dejan de presentarse. Una persona que sea escéptica a las enseñanzas del Buddha podría pensar que los deseos sensoriales son un instinto que no pueden superarse. Probablemente muchos de nosotros pensemos lo contrario, y lo pensamos porque gracias a habernos expuesto al Dhamma hemos cambiado algunas de las condiciones (simbólicas y culturales) que se mantienen vigentes en el resto de la sociedad.
2) Todos los seres buscamos evitar el malestar y alcanzar bienestar. Todos hacen lo que pueden (o lo que saben hacer) para alcanzar esas metas generales, y a medida que se ignora más o que más distorsionado esté nuestro conocimiento de la realidad, más probable es que fracasemos en alcanzar de forma óptima esos objetivos, es decir, más probable es que suframos y sintamos una persistente insatisfacción.
El Buddha nos ofrece una vía que promete alcanzar de una vez por todas un bienestar incondicionado y definitivo, además de ofrecernos un camino para experimentarlo por nosotros mismos, más allá de toda duda. Yo hipotetizo que si todos tuviesen la información dada por el Buddha tal como él la expuso, muchas más gente creería que el Dhamma muestra el camino más óptimo y razonable para vivir en bienestar; pero esto es solo una suposición.
Los valores (es decir, la forma en que valoramos los fenómenos de la realidad) son subjetivos en naturaleza, pero pueden alterarse con la información a la que nos expongamos. Mientras la información mental de cada quien sea distinta, las formas de buscar bienestar serán tan distintas como individuos existan.
3) Los arahants diferencian entre la intención sana y la insana, sabiendo qué contribuye a la liberación, y qué no lo hace. Además, saben distinguir entre lo necesario para vivir y mantener el cuerpo, de lo opcional y dispuesto por nuestros deseos y preferencias. El arahant ha abandonado todo deseo sensorial y del ego y a ido más allá de las preferencias, no dejandose llevar por ellas (recordemos que las sensaciones físicas agradables y desagradables siguen presentes en ellos). Como los arahants ya no desean la extinción de sus vidas (pues saben que el sufrimiento no nace solo por estar vivo, sino que es producto de la ignorancia), sino que esperan a su fin natural (salvo, quizá, a que sus existencias sean prácticamente físicamente insostenibles, en cuyo caso no sabría decirte qué harían un arahant con la posibilidad del suicidio), solo mantienen las condiciones necesarias para sostener el cuerpo funcional como para habitar el mundo hasta que llegue el momento de la extinción sin residuos. El ejemplo más claro ocurre con las reglas monásticas sobre el alimento: se come lo que dona la comunidad laica y solo hasta cierta hora del día, es decir, se come por necesidad y no por deseo sensorial o del ego.
Insisto: todo esto es mi perspectiva y podría estar equivocado. Si alguien tiene información que pueda corregir algún dato dado, rogaría se indique mi error.
Saludos, estimado Ananda!