Cuando los discípulos del Buda se reúnen deben practicar el noble silencio o la charla sobre el Dhamma. Con permiso de
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Ud 2,2 Raja Sutta
He aquí lo que yo he oído decir. Cierta vez el bhagavant se encontraba en la ciudad de Savatthi, en el Bosque del Príncipe Jeta, en el parque de Anathapindika. En aquella ocasión surgió esta discusión entre los numerosos bhikkhus que habían retornado por la tarde de la recolección de limosnas y se encontraban sentados, reunidos, en el Salón de Asambleas: «¿Quién de entre estos dos reyes: Seniya Bimbisara de Magadha o Pasenadi de Kosala, tiene más riquezas, más fortuna, más tesoros, mayores dominios, más vehículos, más ejércitos, más poderes, más autoridad?». Esta discusión de bhikkbus quedó entonces inconclusa. Y el bhagavant, habiendo salido de su retiro por la tarde, se acercó al Salón de Asambleas y, habiéndose acercado, se sentó en el asiento preparado para él. Y una vez sentado, el bhagavant les dijo a los bhikkhus: «¿Qué estáis discutiendo ahora, oh bhikkhus, sentados y reunidos aquí? ¿Y cuál es la discusión que habéis dejado inconclusa?»
«Señor, después que retornamos por la tarde de la recolección de limosnas y mientras nos encontrábamos sentados y reunidos aquí en este Salón de Asambleas, surgió entre nosotros esta discusión: “¿Quién de entre estos dos reyes: Seniya Bimbisâra de Magadha o Pasenadi de Kosala, tiene más riquezas, más fortuna, más tesoros, mayores dominios, más vehículos, más ejércitos, más poder, más autoridad?”. Esta era nuestra discusión, que estaba aún inconclusa, cuando el bhagavant llegó».
«Oh bhikkhus, no es conveniente para vosotros, hijos de familia que impulsados por la fe habéis salido de vuestras casas para llevar una vida errante, que sostengáis semejante tipo de discusiones. Oh bhikkhus, cuando estéis reunidos, dos cosas os toca: o bien conversar sobre la doctrina o el noble silencio».
El bhagavant, comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión este udana:
La felicidad que en este mundo
surge del placer sensual
y la felicidad que existe en el cielo,
no equivalen ni a la más pequeña parte
de la felicidad que surge
de la destrucción del deseo.
SN 21,1 Kolita Sutta
Esto he escuchado:
En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de Jeta, en el parque de Anathapindika, cerca de Savatthi. Estando allí, el Venerable Mahamoggallana se dirigió a los bhikkhus: “Amigos bhikkhus”.
“Sí, amigo”, respondieron aquellos bhikkhus y el Venerable Mahamoggallana continuó:
“Amigos, he aquí, mientras estuve solo en reclusión, una reflexión surgió en mi mente de esta manera: ‘Se ha dicho «el noble silencio, el noble silencio». ¿Qué es el noble silencio?’.
“Entonces, amigos, esto se me ocurrió: ‘He aquí, al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, el bhikkhu entra y permanece en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental, y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado ni sostenido. Esto se llama el noble silencio’.
“Entonces, bhikkhus, al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entré y permanecí en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental, y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado ni sostenido. Pero entonces me asaltaron la percepción y la atención acompañados por el pensamiento.
“Y acto seguido, amigos, llegó junto a mí el Bienaventurado por medio del poder espiritual y dijo esto: ‘Moggallana, Moggallana, no seas negligente en consideración al noble silencio, brahmán. Establece tu mente en el noble silencio, concentra tu mente en el noble silencio’. Entonces, amigos, en una posterior ocasión, al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entré y permanecí en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental, y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado ni sostenido.
“Si alguien, amigos, hablando con propiedad, dijese de alguien: ‘Él es un discípulo que alcanzó el conocimiento grandioso y directo con la asistencia del Maestro’, es de mí que debería decir esto con propiedad”.
Khn 2,1-2 Sannipatanujanana
En una ocasión, el Bienaventurado, el Buda, estaba morando en la montaña Pico de Buitre cerca de Rajagaha. En aquel tiempo, los ascetas errantes pertenecientes a otros credos, se reunían juntos los días catorce, quince y ocho de la media luna, para hablar sobre el dhamma. Y la gente también se iba junto a ellos para escuchar el dhamma. De esta manera, los ascetas errantes pertenecientes a otros credos ganaban el afecto, la gente ponía fe en ellos y los ascetas pertenecientes a otros credos ganaban sus adherentes.
Entonces, en la mente del rey Seniya Bimbisara de Magadha surgió este razonamiento, mientras estaba meditando retirado: “Ahora bien, los ascetas errantes pertenecientes a otros credos, habiéndose reunido juntos los días catorce, quince y ocho de la media luna, hablan sobre el dhamma. También la gente se va junto a ellos para escuchar el dhamma. De esta manera, los ascetas errantes pertenecientes a otros credos ganan el afecto, la gente pone fe en ellos y los ascetas pertenecientes a otros credos ganan sus adherentes. ¿Qué tal si el Maestro también convoca a la gente, los días catorce, quince y ocho de la media luna?”
Entonces el rey Seniya Bimbisara de Magadha se acercó al Bienaventurado y, habiéndose acercado, intercambió con el Bienaventurado cordiales saludos y se sentó a un lado. Una vez sentado a una distancia respetuosa, el rey Seniya Bimbisara de Magadha habló así al Bienaventurado: “Venerable Señor, mientras estaba sentado retirado en la meditación surgió en mí este razonamiento: 'Los ascetas errantes pertenecientes a otros credos, se reúnen juntos los días catorce, quince y ocho de la media luna y hablan sobre el dhamma. También la gente se va junto a ellos para escuchar el dhamma. De esta manera, los ascetas errantes pertenecientes a otros credos ganan el afecto, la gente pone fe en ellos y los ascetas pertenecientes a otros credos ganan sus adherentes. ¿Qué tal si el Maestro también convoca a la gente, los días catorce, quince y ocho de la media luna?'”
Entonces, el Bienaventurado se regocijó, se alegró, se elevó espiritualmente y se deleitó de las palabras del dhamma del rey Seniya Bimbisara de Maghada. Luego, el rey Seniya Bimbisara de Maghada, habiéndose también regocijado, alegrado, elevado espiritualmente y deleitado en las palabras del dhamma del Bienaventurado, se levantó de su asiento y, al intercambiar las habituales ceremonias de despedida, se fue, manteniendo siempre al Bienaventurado a su derecha. Entonces, el Bienaventurado, en esta ocasión, en conexión con este hecho, habiendo ofrecido una plática motivadora, se dirigió a los bhikkhus, diciendo:
“Os permito, bhikkhus, reuniros juntos en asamblea el día catorce, quince y ocho de la media luna”
Ahora bien, en este tiempo los bhikkhus pensaban: “está permitido reunirse juntos en asamblea el día catorce, quince y ocho de la media luna” y, entonces, se reunían juntos en asamblea, sentados y permaneciendo en silencio. Y aquella gente que venía para escuchar el dhamma, miraba a los bhikkhus, los criticaba y difundía ésto acerca de ellos: “¿Cómo estos ascetas, hijos del Sakya, habiéndose reunido juntos en asamblea los días catorce, quince y ocho de la media luna, se sientan en silencio como unos cerdos mudos? ¿No deberían ellos hablar del dhamma cuando haya una asamblea como ésta?”
Y los bhikkhus, al escuchar que aquella gente que venía para escuchar el dhamma, miraban a los bhikkhus, los criticaban y difundían ésto acerca de ellos, se fueron junto al Bienaventurado para contarle lo sucedido. Entonces, el Bienaventurado, en esta ocasión y en conexión con lo sucedido, habiendo ofrecido una plática motivadora, se dirigió a los bhikkhus, diciendo:
“Os permito, bhikkhus, reuniros juntos en asamblea el día catorce, quince y ocho de la media luna para hablar del dhamma.”