He escuchado que en una ocasión el Bienaventurado estaba morando entre los mallanos cerca de su ciudad de nombre Uruvelakappa. Entonces, por la mañana temprano el Bienaventurado se vistió y, llevando su cuenco para mendigar la comida y la ropa exterior, se fue a Uruvelakappa a pedir limosnas de comida. Al retornar de su habitual ronda de mendigar la comida, después de comer, dijo al Venerable Ananda: “Quédate aquí, Ananda, mientras voy al Gran Bosque para morar ahí durante el día”.
“Sí, venerable señor”, respondió el Venerable Ananda. Entonces, el Bienaventurado entró al Gran Bosque y se sentó debajo de un árbol para morar ahí durante el día.
En esta ocasión, el hombre laico de nombre Tapussa se fue junto al Venerable Ananda y, al llegar, lo saludó respetuosamente y se sentó a un lado. Una vez sentado, dijo al Venerable Ananda: “Venerable Ananda, nosotros los hombres laicos nos complacemos en la sensualidad, nos deleitamos en la sensualidad, gozamos de la sensualidad y disfrutamos de la sensualidad. Para nosotros –que nos complacemos en la sensualidad, nos deleitamos en la sensualidad, gozamos de la sensualidad y disfrutamos de la sensualidad- el renunciamiento nos parece un total desprendimiento. He oído que en este Dhamma y Disciplina, el corazón, inclusive de los bhikkhus jóvenes, se inclina hacia el renunciamiento y crece por eso en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz. Y es justamente aquí, venerable señor, donde este Dhamma y Disciplina de los bhikkhus es muy opuesto a [las costumbres de] la gran masa de la gente: en el tema del renunciamiento.”
“Éste realmente es un tópico de conversación, hombre laico. Vayamos a ver al Bienaventurado. Acerquémonos a él y, al llegar, expongámosle este tema. De modo que él nos lo explique y así lo mantendremos en la mente”.
“Muy bien, venerable señor”, respondió el hombre laico Tapussa al Venerable Ananda.
Entonces, el Venerable Ananda y el hombre laico Tapussa se fueron junto al Bienaventurado y, al llegar, le rindieron homenaje y se sentaron a un lado. Una vez sentados allí, el Venerable Ananda dijo el Bienaventurado: “Venerable señor, he aquí que el hombre laico Tapussa me dijo esto: ‘Venerable Ananda, nosotros los hombres laicos nos complacemos en la sensualidad, nos deleitamos en la sensualidad, gozamos de la sensualidad y disfrutamos de la sensualidad. Para nosotros –que nos complacemos en la sensualidad, nos deleitamos en la sensualidad, gozamos de la sensualidad y disfrutamos de la sensualidad- el renunciamiento nos parece un total desprendimiento. He oído que en este Dhamma y Disciplina, el corazón, inclusive de los bhikkhus jóvenes, se inclina hacia el renunciamiento y crece por eso en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz. Y es justamente aquí, venerable señor, dónde este Dhamma y Disciplina de los bhikkhus es opuesto a [las costumbres de] la gran masa de la gente: en el renunciamiento.’”
“Esto es así, Ananda, esto es realmente así. Hasta yo mismo, antes de mi Despertar, cuando aún era un no iluminado plenamente Bodhisatta, pensaba: ‘El renunciamiento es bueno. El retiro es bueno.’ Pero mi corazón no se inclinaba hacia el renunciamiento y, por eso, no crecía en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz. Entonces, este pensamiento se me ocurrió: ‘¿Cuál es la causa, cuál es la razón, por la cual mi corazón no se inclina hacia el renunciamiento y, por ello, no crece en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz?’ Y se me ocurrió esto: ‘Yo no había visto la desventaja de los placeres sensuales; no había seguido la pista [de este tema]. No había entendido la gratificación del renunciamiento ni me había familiarizado con él. Es por ello que mi corazón no se inclinaba hacia el renunciamiento y, en consecuencia, no crecía en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz.’
“Entonces, Ananda, este pensamiento se me ocurrió: ‘Si yo, habiendo visto la desventaja de los placeres sensuales, siguiera la pista de este tema y si, habiendo entendido la gratificación del renunciamiento, me familiarizara con él, entonces sería posible que mi corazón se inclinara hacia el renunciamiento y, en consecuencia, creciera en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz.’
“Así que, más tarde, habiendo visto la desventaja de los placeres sensuales, seguí la pista de este tema y, habiendo entendido la gratificación del renunciamiento, me familiaricé con él. En consecuencia, mi corazón se inclinó hacia el renunciamiento y, por eso, creció en confianza, calma y firmeza, viendo en eso la paz. Entonces, separado de los placeres sensuales, separado de los perjudiciales estados mentales, entré y permanecí en el primer jhana: el éxtasis y la felicidad nacidos del retiro, acompañados por el pensamiento aplicado y el pensamiento sostenido.
Resto del sutta--> AN 9,41 Tapussa Sutta







